ÁNGEL


Cuando ella apareció en su vida él tuvo la certeza de que se trataba de un ángel y su primer impulso fue colocarla en un altar para venerarla y no dejar que nada perturbara su imagen, pero se contuvo cuando hizo conciencia de que era una criatura realmente divina y reflexionó acerca de su propia condición de mortal y deseante.

Fue por ello que le propuso que no esperaran el día del juicio final para recorrer juntos, al menos por una sola vez, el camino que va de la tierra al cielo. Ella aceptó.

En la noche elegida para el encuentro, un dios misterioso quiso bajar a la tierra y encarnar en ellos. Y la lujuria no tuvo límites y la pureza no tuvo mejor expresión que aquellos dos cuerpos anhelantes.

Al amanecer, sus cuerpos conservaban a flor de piel la memoria del placer y las sábanas aún guardaban un aroma de amor recién hecho. Sin decir nada, se miraron a los ojos y convinieron en que la vida también podía ser generosa y buena.

Miguel Garza de la Huerta
8 de marzo de 2001

FLECHAS

¿ Por qué, pues as llagado
aqueste coracón, no le sanaste?
San Juan de la Cruz.

Atravieso el camino de tus flechas
a veces sin querer, casi al descuido,
y en otras ocasiones tan medido
que parecieran para mí estar hechas.

De tus ojos las lanzas, tan derechas,
que al centro de tu ausencia quedo herido,
yo hago un trato con ellas, comedido
y menos huyo mientras más acechas.

Mas esta alma que tienes tan cautiva
no doblega en tu ser la indiferencia
y así dejas que en púrpuras perviva.

No ha de vencer el daño a la paciencia
ni quedará este amor a la deriva:
Dolor es no soñar con tu querencia.

Miguel Garza
Diciembre de 2003

LLANTO

Si por una vez ante mí tu llanto
brotase de tus ojos y su esencia
no fuese de un amor reminiscencia
que procura la causa del quebranto.

Si al menos una sola vez tu llanto
bajara por tu rostro y su presencia
denunciase con húmeda elocuencia
la causa del placer y fuese tanto…

A él unciera una expansión de lava
que hasta el centro de tu entraña llegase
para decir sus fértiles motivos

y en un fugaz instante que no acaba
junto a tu llanto mi sudor nombrase
la urgencia humana de sentirnos vivos.

Miguel Garza
Septiembre 2003.

 

 

 



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