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Lo que el Cuento se llevó...


POR JUAN CARLOS SANCHEZ

Capítulo 2

Pero esa noche los teléfonos empezaron a sonar.
-- Raúl: Lupe, despierta por el amor de dios, me he metido en una super bronca, no puedo decirte por teléfono, el asunto es muy delicado.
-- Lupe: ¿qué onda son esas de llamar ala tres de la mañana?.
-- Raúl: ven por favor, ya le hablé a Isabel y a Raquel, ya vienen en camino.
-- Lupe: o. k . ahorita me lanzo, espérame unos diez minutos.
--Raúl: gracias carnal, ya sabes que tú eres mi mejor amigo.

Llegando al apartamento de Raúl, ubicado en la colonia Narvarte, todos estaban sorprendidos al ver que en su apartamento se encontraba un hombre desnudo con la boca hacia abajo y sangre en la cabeza.
Y Raúl se encontraba medio golpeado y sosteniéndose el hombro izquierdo, llorando y sobre todo quejándose del dolor de su brazo.

-- Isabel : dios mío ¿que diablos pasó aquí?
Lupe no pudo decir nada en este instante, pues tuvo que tomar su inhalador para su asma.
-- Raúl: él me trató de agredir y tuve que defenderme usando un bat de béisbol.
Raquel se aproximó al sujeto y quiso tomarle el pulso, dándose cuenta que estaba muerto,
--Raquel: dios mío ¿que has hecho Raúl?...lo has matado.
-- Lupe: no puedo creer esto, ¿qué hace este individuo en tu apartamento en la madrugada, y sobre todo desnudo?, sin mencionar que está muerto.
-- Raúl: bueno tengo algo que confesarles a todos ustedes, no quería que lo supieran pero creo que en estas circunstancias lo tengo que hacer.
-- Raquel: ya basta, empieza a decir que pasó, por favor, esto es muy serio, estamos hablando de una persona la cual esta muerta.
-- Raúl: lo que tengo que confesar a ustedes es que yo soy homosexual.
-- Lupe: ¿qué?, ¡No puedo creerlo! Si tú eres mi mejor amigo, nunca me lo sospeché.
-- Raúl: pero así es, no les quería decir, sobre todo a ti, para no herirte y sobre todo que no afectara nuestra amistad.
-- Isabel: esto es ridículo, si el año pasado tenías a una de mis primas bien enredada.
-- Raúl: si es cierto, pero nueve meses atrás empecé a tener una atracción por hombres homosexuales.
Lupe : ¿y que tiene que ver el hecho que seas puto hayas matado a un cristiano?.
-- Raúl: ayer cuando acabó la fiesta no vine a mi apartamento, decidí irme a un bar de la zona rosa de homosexuales, en cual lo conocí a él, y después de unos tragos decidí llevarlo a mi apartamento.
-- Raquel: pero no puedo creerlo que tan estúpido puedas ser en conocer a alguien por primera vez y traerlo a tu casa.
-- Raúl: bueno, es una de las desventajas que un homosexual tiene que afrontar.
-- Isabel: ¿pero porque lo tuviste que haber matado?.
-- Raúl: no lo quise matar, él empezó a agredirme queriéndome hacer daño y tuve que defenderme con todas mis fuerzas, hasta que logré tomar el bat de béisbol y quitármelo de encima.
-- Lupe: o.k. fue un caso de defensa propia, no hay nada que temer, sólo tenemos que llamar a la policía.
-- Raúl: no !
-- Isabel : ¿por qué no?, ¿o tienes algo que ocultar?.
-- Raquel: por el amor de dios ¡ explícate, esto no es un juego, estamos hablando de un ser humano, no de un perro.
-- Lupe: ¿qué quieres hacer?.
-- Raúl: como ustedes sabrán, dentro de dos años voy a tener por primera vez la oportunidad de ser uno de los representantes de la cámara de diputados, y no sólo eso, voy a ser uno de los congresistas más jóvenes que ha tenido el país.
-- Isabel: si lo sabemos, gracias a tus padres, ¿o no?
-- Raúl: sí, pero si tengo un escándalo como este, no sólo el hecho de ser homosexual, si no por ser investigado por un crimen, esto arruinaría mi carrera como político.
-- Raquel: pero a lo mejor tus padres pueden sacarte del apuro.
-- Raúl: si, yo sé que con el poder de mis padres podría salir del apuro, pero mis padres nunca, pero nunca me perdonarían el hecho de ser homosexual.
-- Raquel: ¿y que quieres que hagamos para ayudarte?.
-- Raúl: ustedes son mis mejores amigos y sé que puedo contar con ustedes, pero no sé cómo resolver esta bronca en que me he metido.
-- Isabel: bueno, podemos hacerle como en las películas.
-- Lupe: ¿cómo?.
-- Isabel: nos podemos deshacer del muertito y de todas las evidencias, también podemos decir que estábamos juntos como siempre a la hora del crimen.
-- Raquel: pero esto nos haría cómplices a todos.
-- Lupe: no sé, después de ser mejores amigos por muchos años y luego esto.
-- Raúl: ustedes saben que yo haría lo mismo por ustedes, y hasta más.
-- Isabel: vamos a ayudarlo, de todas formas es algo que jamás habíamos hecho en nuestras vidas, y además creo que es muy emocionante.
-- Raquel: pero no tenemos demasiado tiempo, los quince años de mi sobrina Karina son a las doce del medio día, y son las cinco cuarenta y cinco.
-- Lupe: me había olvidado, yo tengo que ser chambelán y ni siquiera he recogido el traje ridículo que tenemos que vestir.
-- Isabel: si, el traje y los vestidos están al otro lado de la ciudad, y nos llevaría de dos a tres horas en llegar.
-- Lupe: tenemos que hacer un plan.
-- Raquel: vamos a enredar al muertito en la alfombra de la sala.
-- Raúl: ¿en la alfombra? Pero esa mi madre me la regaló, y si viera que faltara no sabría que decirle.
-- Lupe: pues ¿que quieres que hagamos?, ¿Ponerlo en bolsas de basura?, No hay tiempo está a punto de amanecer, y tú te preocupas por una maldita alfombra.
-- Raúl: o.k.
-- Isabel: tenemos que sacar el cadáver antes que amanezca y ponerlo en el carro de Raúl.
-- Raúl: imposible, mi carro no circula mañana y no querrás que nos detengan en mi gran marquis con un muertito en la cajuela.
-- Raquel: pero tu carro es el más grande.
-- Lupe: no puedo creerlo que estamos discutiendo en qué carro vamos a poner el cadáver.
-- Raúl: ¿porqué no en el tuyo?.
-- Lupe: ustedes saben porque no usaría mi carro, yo no tengo demasiados billetes como ustedes y mi carro aparte de ser austero es compacto.
-- Isabel: Lupe tiene mucha razón, usemos mi carro, para poner el cadáver e ir a los quince años.
-- Raquel: no puedo creerlo que siendo tú tan rica tengas un jetta como ranfla.
-- Lupe: basta de argumentos y pongamos el cadáver en el carro de Isabel.

Y comenzaron a poner el cuerpo desnudo en la carpeta, lo enrollaron y lo amarraron, como Raúl estaba viviendo en el tercer piso, no fue una tarea fácil.

Los cuatro llevaron al cadáver y se les cayó dos veces, y por fin lo pudieron poner en la cajuela del carro de Isabel, su v.w. jetta.

-- Raquel: no puedo creerlo, qué trabajo nos costó.
-- Raúl: no importa, tenemos que regresar después de los quince años a limpiar y recoger toda evidencia que haya.
-- Lupe: tenemos que irnos pero ya, tenemos que hacer como diez paradas antes de nuestro destino.

Capítulo 3

Primero se decidieron a ir a casa de Isabel ya que es la más cerca, y claro no sólo la más cercana, sino que a ella se le lleva más tiempo en arreglarse.
Después de ir a la casa, o digamos a la mansión, de Isabel se fueron a recoger los regalos como todos chilangos: al último minuto, después fueron a la casa de Raquel, posteriormente a la casa de Lupe, y no nos olvidemos que tuvieron que cruzar la ciudad para recoger los vestidos y los trajes.

Ya cuando iban todos vestidos, con regalo en mano, iban discutiendo por el cadáver que llevaban en la cajuela, Raquel iba manejando, iban tarde, como todo capitalino, bueno no muy tarde, pero como dicen en el D.F. : "con el jesús en la boca".

A Raúl se le ocurrió tomar un atajo, esto es muy común en el D.F. por las manifestaciones; tomando el atajo los condujo a un barrio bajo en la ciudad, esto no fue nada difícil ya que la mayoría de la ciudad es barrio bajo.

Debido a la discusión entre todos por la noche anterior, y porque iban un poco tarde a los quince años, Raquel no estaba poniendo mucha atención en el camino donde circulaban, cuando menos se lo esperaba le pegó al carro con un objeto que estaba en medio del camino.

Tuvo que frenar violentamente, ya que el accidente les puso los nervios de punta aún más,
y bajándose del carro esto sucedió:
-- Lupe: ¿pues que no te fijas por donde vas mujer?.
-- Raquel: no sé, esto salió de la nada.
-- Raúl: que buena suerte la de nosotros, le has pegado a un carrito de compras y no sólo eso : se nos ponchó la llanta del frente.
-- Lupe: ¿ahora cómo le vamos a hacer?, la llanta de refacción está en la cajuela.
-- Raúl: pues vamos a tener que sacar el muertito.
-- Isabel: Oh dios mío ¡ no puede ser. . .
-- Raquel: tenemos que apurarnos para llegar a los quince años
-- Isabel: no, no me entiendes: has atropellado a un hombre.
-- Lupe: oh dios mío ¡ no puedo creerlo (volviendo a sacar su inhalador para su asma) -- Raquel: no puede ser posible.
Ahora tenemos a otro muertito. Entre la confusión de los cuatro, y ya teniendo un muerto en la cajuela, estaban volviéndose locos y con los nervios de punta estos decidieron arreglar la llanta y poner el segundo cadáver en la cajuela, en eso también ya que Raquel estaba temblando, Raúl tuvo que tomar el volante y tratar de llegar a los quince años.

Manejando como locos, a dos cuadras antes de llegar a la iglesia de los quince años empezaron a oír ruido procedente de la cajuela del carro, esto les puso los pelos más de punta.

-- Isabel: detente, algo está mal.
-- Raúl: ya vamos demasiado tarde.
-- Raquel: detente, tenemos que saber qué pasa.

Lupe sólo uso su inhalador para su asma una vez más.

Decidieron pararse, después de una pequeña discusión . . . a ver quién abría la cajuela, Raúl decidió abrirla, y fue una sorpresa que al abrirla el malviviente que habían atropellado estaba con vida. Y esto pasó :

-- Malviviente : ¿a dónde estoy?, creo que anoche se me pasaron las cucharadas.
-- Lupe: deje ayudarlo a bajar de la cajuela.
-- Raquel: ¿está usted bien?.
-- Malviviente: si, mi reyna, con un poquito de cruda como tú comprenderás.
-- Raúl : ¿sabe? tenemos que irnos, tenemos un poquito de prisa.
-- Isabel: no puedo creerlo, creíamos que usted estaba muerto.
-- Malviviente: no mi reyna, como tú sabrás, pertenezco al escuadrón de la muerte pero todavía ando coleando.
-- Raquel: bueno, pues mucho gusto de conocerlo, pero como aquí mis ojos dice: tenemos mucha prisa.
--Malviviente : ¿no tendrán para un pomito por el amor de dios?.
-- Raúl : tome, aquí tienes cien pesos, pero ya lárgate por favor.
-- Malviviente : gracias mi rey pero chale ¡ si se pasaron de lanza poniéndome en la cajuela con la basura, huele rete-gacho.
Y por fin, una vez más se subieron al carro de Isabel para tratar de llegar a los quince años, pero con una preocupación menos, ya que de dos cadáveres pasaron a uno.

Capítulo 4

Llegaron al último minuto, teniéndose que estacionarse ilegalmente, ya que la misa era en la iglesia de Coyoacán, y como ustedes sabrán, la mayor parte de la gente que va a Coyoacán no vive allí sino que son nacos de por donde quiera.
Una vez acabada la misa, nuestros cuatro personajes se sentían con un poquito menos de culpa, ya que estos a pesar de todo hasta habían comulgado. Pero que gran sorpresa se llevarían al salir de la iglesia, dándose cuenta que algo faltaba.

-- Isabel : ¿No te estacionaste aquí?.
-- Raúl : Claro que sí.
-- Raquel : ¿Estás seguro?.
-- Lupe : por supuesto, si todos veníamos en el carro.
-- Isabel : ¡ Oh dios mío¡ se han robado mi carro.
-- Raúl : Cálmate.
-- Raquel : Pero el maldito carro no está.
-- Lupe : Vamos a investigar.

Al decir vamos a investigar empezaron a preguntar a la gente que tiene sus puestos o negocios en la calle, como toda iglesia en la ciudad, no faltarán los vendedores ambulantes.
Resultando que el hombre de los esquites vio lo que pasó._
O. K. primero hablaremos sobre que es un esquitero, porque se imaginaran el nombrecito no es muy común; el esquitero es el marchante que trabaja con productos de maíz o elotes, estos los hierve y los desgrana, haciendo una sopa de elote muy rica que probablemente era una de las comidas favoritas de nuestros antepasados, los aztecas. Pero no tiene nada que ver con el naco que las vende, si no es por imitaciones o por necesidad.

Bueno, él les dijo que su carro había sido llevado por las autoridades, a la detención de automóviles por estar mal estacionado.

-- Esquitero : Sí, mi buen, su nave se la llevaron al corralón.

Ya sabiendo esto, que no había sido robado y sabiendo que estaba en el famoso corralón no podían sacar el carro hasta el día próximo, decidieron agarrar un taxi para terminar con los quince años, para poder regresar a casa de Raúl y acabar con el resto de la evidencia.
Todos actuaron muy extraños en los quince años de Karina, por más que intentaron ocultar lo que había pasado, seguían teniendo la cara de angustia y preocupación por el carro de Isabel, sin mencionar al muertito.

ESTA HISTORIA CONTINUARÁ EN EL PRÓXIMO NÚMERO DE LITERANA…

AUTOR: JUAN CARLOS SANCHEZ DE LA CADENA.
MEXICANO RADICADO EN LOS ESTADOS UNIDOS.
Enero de 2003.


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