Suicidio y Depresión, cifras alarmantes en México


La Depresión es la enfermedad del mundo moderno. Aunque parezca sencillo vincularla solamente con un estado de ánimo caracterizado por la tristeza, es mucho más que eso. Lleva implícito la sensación de fracaso inminente ante las exigencias de vida actual y el cansancio por querer correr al ritmo de la misma.
Mientras algunos estiman que no hay cifras exactas de este problema de salud pública en México, otros reportan una prevalencia de 15 enfermos por cada 100 habitantes, siendo más frecuente en mujeres que en hombres, atacando el grupo de edad de 25 a 45 años y siendo la tercera causa de ausentismo laboral. Argumentando que a falta de diagnóstico y tratamiento oportuno, esta enfermedad crece cada día más, siendo que actualmente ya un 6.7% de la población masculina la padece y un 11.2% de la femenina. Con esto, se estima que la depresión afecta a más de diez millones de personas en nuestro país. Y de acuerdo con el INEGI, el suicidio en México, que ya se ve como una consecuencia de un estado de depresión severa, es la segunda causa de muerte entre los adolescentes entre niños de 5 a 15 años de edad, siendo que en fechas últimas el porcentaje global de muertes por suicidio se ha incrementado hasta en un 20%. En síntesis, una de cada cinco personas sufre de depresión en México.

Las cifras son de alarma, de eso no hay duda. Los enfermos, ascienden a millones; las expectativas de cura, muy irregulares y los médicos tratantes, insuficientes, por lo que se convierten en psicólogos, madres, esposas, hijas, hermanas y también, en sus casos, padres, esposos, hijos y hermanos, sin contar los diversos tipos de pareja o compañero sentimental.

Con síntomas insidiosos al principio y en una mayoría de casos leves o superficiales, la depresión puede irse instalando en una persona hasta casi trastornarla o bien llevarla al suicidio en casos extremos.

El paciente ya no tiene ganas de vivir, ya no quiere vivir. Siente que el mundo se le acaba y que ya no tiene sentido su existencia; es una decepción de sí mismo y de los demás¿ Cómo terminar con tanto dolor? La muerte parece ser una salida, aunque a veces no tan fácil, sí por lo menos segura y en ocasiones se toma la decisión en la certeza de que cada uno de nosotros puede hacer con su cuerpo y con su vida lo que se le venga en gana ¿ Será cierto esto?

Pero volvamos a cuando un paciente inicia a ser depresivo. Le da por sentirse triste por cualquier cosa, justificada o no, y un poco más adelante por sentirse triste por nada. Y así, la melancolía hace presa de su persona y se la pasa largos periodos lamentándose de su mala suerte, su mal aspecto, su mala memoria, etc. Por citar algunos puntos negativos de su pensamiento que casi siempre son relacionados en el área de la personalidad.

Ya cuando llega al punto de sentirse triste nada más porque sí, inicia la siguiente etapa que es la de los signos físicos. No le dan ganas de arreglarse, tiene ojeras porque duerme mal, se siente con miedo e inseguro casi todo el tiempo, deja de tener autocrítica y le importa muy poco cuidar de su salud, luego, se vuelve apático en relación a su trabajo si es que lo tiene, o algunos renuncian o pierden el mismo. En casa se sienten como asfixiados pero tampoco son capaces de vestirse y salir a la calle. Empiezan a dar respuestas negativas a todas sus amistades, se vuelven huraños, padecen de trastornos digestivos, algunos presentan alergias o neuro-dermatitis, hay quienes tienen severas gastritis o constipación, cefaleas intensas, migrañas y tratando de huir de todo esto, el paciente suele evadir la realidad excusándose con familiares y amigos, viviendo cada vez más aislado, perdiendo el gusto por todo, incluyendo la actividad sexual, y dedicando muchas de sus horas a dormir, para tratar de pasar el tiempo sin angustia. Pero todo esto no resulta ni funciona. ¿ Y qué es lo que sí da resultados? Nada es mágico, y no es fácil curar o superar una depresión, pero en el restablecimiento de un enfermo si tiene que ver mucho la participación de la gente que lo rodea, en este caso sus familiares más directos y sus amistades verdaderas.
Si el enfermo se siente apoyado, amado y comprendido después de que se le ha hecho el diagnóstico de depresión, se sentirá con ánimos para combatir esta enfermedad.
Hay diversos tipos de tratamiento, que incluyen desde medicamentos hasta terapias de todo tipo, siendo también recomendado el descanso mental, alejarse del estrés y cambiar de aires, como se dice.

Pero con mi experiencia, les puede afirmar mis queridos lectores, que no hay como el amor para que estos pacientes salgan delante de sus depresiones. Enseñémosles, nosotros que estamos sanos, que la vida se debe aceptar tal cual es y sin querer resolver nada en especial, dediquémoslo a vivirla, y en eso reside la esencial y verdadera magia de la existencia.

Dra Karla Estrada.
Psicóloga Clínica UNAM
11 de diciembre de 2007

Una Teoría alterna para tratar de explicar las causas de la depresión


“El sistema se nos está cayendo, o ya se nos cayó…” Y me refiero al sistema capitalista que fundamenta el estilo de vida occidental que de unos años a la fecha tiene un ritmo en apariencia ascendente y que ya se está haciendo crisis y que en su irrefrenable carrera basada en el uso del dinero plástico, ya se está colocando en un punto de inevitable autodestrucción y por ende, situación insostenible de dicho estilo de vida.
Mucho de la depresión actual tiene que ver con este absurdo: Estamos tratando de sobrevivir en un sistema que nos tiene atrapados y el cual fue creado, en sus orígenes, para asegurar de manera equitativa, el bienestar social y económico de las grandes urbes.

Hasta hace poco, el hombre tenía que salir y arriesgarse para conseguir su propio sustento. Las mujeres tenían que ir a los ríos y pozos para llevar agua a sus casas, se tenía que recoger la siembra para tener maíz, verdura y también para comerciar. La leña debería de buscarse para encender una fogata que nos diera luz y calor.

En la época actual, las comodidades nos abruman. Ya no es necesario salir a conseguir alimento; salimos a conseguir un taxi para poder transportarnos a una oficina en donde permaneceremos sentados el resto del día. Ya no tenemos que preocuparnos por matar un pollo, desplumarlo, cocerlo y comerlo, sino que tenemos a la mano una serie de servicios de comida rápida ya preparada con lo cual sólo deberemos hacer cola para pedir y cola para pagar.

El agua, basta con abrir el grifo y la obtenemos en forma abundante y además, potable. A casi nadie se le ocurre tener que recoger la siembra, eso es trabajo de otros pero no de los que vivimos en la ciudad, y en cuanto a las verduras ¿ Con qué se come eso? Preferimos las sodas, los enlatados, los paquetes de panes y galletas, las frituras, los cigarros , las colas y por supuesto, el alcohol.

Tampoco necesitamos de ir por leña. Existen sistemas de calefacción eléctrica instalados dentro de los hogares y basta con encenderlos. Tampoco hay que arriesgarse a nada. Tenemos a la tele para sustituir charlas incómodas, chismes con vecinos y hasta viajes alrededor del mundo. Nos enteramos de todo en forma casi gratuita y sin molestarnos, además, soñamos con todas las imágenes proporcionadas, desde entretenimientos de todo tipo, hasta maravillosos paisajes en el extranjero.

Y por último el compañero favorito de la soledad: La computadora. Millones de usuarios en el mundo sustituyen relaciones reales por virtuales y aquí no ha pasado nada.

Pero llega la sensación de que nada de esto nos satisface y entra en nosotros la sombra de la depresión. En nuestro esfuerzo por lograr una mejor calidad de vida hemos caído en la cuenta que el tiempo que dedicamos al trabajo físico es mínimo y el tiempo libre cada vez es mayor con lo que la fragilidad de nuestra mente se enfrenta al peligro del desequilibrio.

Y citemos el conocido ejemplo de la princesa japonesa Masako Owada; Ella, en su niñez y juventud, realizó numerosos viajes ya que su padre era embajador. Se convirtió muy pronto en una mujer cosmopolita, quien aprendió varios idiomas, vivió en varias ciudades importantes de América y Europa y tuvo la oportunidad de graduarse en dos de las mejores universidades conocidas: Oxford y Harvard ; así, con 32 años y un futuro prometedor, accedió a casarse con el príncipe heredero del Japón, lo que cambió su vida radicalmente.

De haber vivido como una occidental, de repente tuvo que adoptar costumbres milenarias de un pasado que conocía sólo de oídas, y a las cuales no se ha podido adaptar. Caminar detrás del marido, pedir permiso para salir del palacio con quince días de anticipación, por escrito y dirigido a los funcionarios que la resguardan. Cambiarse de Kimono a veces hasta 8 veces al día, no poder mirar a los ojos a ningún hombre que no sea su esposo, tener prohibidos los viajes, tener prohibida la televisión, el Internet y otros medios de comunicación, sólo hacer apariciones públicas cuando éstas tengan un fin para el gobierno y por si esto fuera poco, estar obligada a dar a luz un heredero varón para asegurar la continuidad del poder en el trono del imperio Japonés.

Por eso no puede dejarse de sentir deprimida, porque está en la mira de todos aquellos que la juzgan y consideran que no ha sido la mejor elección entre las aspirantes a princesa. Sobre todo porque después de seis años de intentar embarazarse y después de un aborto previo, logró dar a luz una niña y no un niño como se esperaba.
Se podría pensar que en su caso, el origen de su depresión es el no tener sus expectativas cumplidas, lo que le causa un conflicto muy fuerte entre lo que ella es y lo que la familia real de su esposo le exige que sea.

Afortunadamente, con tratamiento y estando lejos del palacio, Masako ha mejorado y ya se le ha visto en fechas recientes muy contenta en compañía de su esposo el príncipe, quien afortunadamente la quiere y la apoya, y de su pequeña hija, que quieran o no, es la heredera por derecho. Pero también la situación se ha calmado gracias al nacimiento de un hijo varón del hermano del príncipe, con lo que la dinastía queda asegurada y santas paces.

En épocas antiguas, el hombre no tenía tanto tiempo para reflexionar o pensar. La supervivencia exigía decisiones rápidas como el correr al ver a un tigre acercarse o a un mamut, matar una víbora en cuanto se le descubría o asegurarse de la potabilidad del agua en las fuentes. Ahora, el ser humano con su vida prolongada gracias a los avances médicos, parece estar atrapado en una vida en cuyo transcurso los conflictos se han visto incrementados.

En primer lugar tenemos que identificar el origen de la depresión. Hagamos un alto aquí y consideremos las posibilidades de la cura por medio de los tratamientos conocidos y aún en fase de experimentación.
Mucho se ha hablado de la terapia manual para combatir la depresión, es decir, regresar a realizar cosas con las manos, desde pintar, sembrar plantas, cocinar, bordar, tejer, coser, etc, hasta otros oficios más complicados como la electricidad y la carpintería o la confección de ropa y calzado.
También se habla de dedicarle un mayor tiempo a la actividad física. Volver a caminar, a subir escaleras, a montar bicicleta, a nadar, etc.
Tratar de equilibrar las horas dedicadas a la tecnología en la computadora, y abrir los ojos hacia los demás, pasando más tiempo en el ambiente familiar, regresando a los juegos de mesa o al ajedrez y por qué no, hasta a las cartas, y dejando a un lado un poco la televisión.

Dejar de sufrir por lo que está ocurriendo en Filipinas o Singapur y concentrarnos más en lo que pasa con nuestro cónyuge, con nuestros hijos y hasta con el vecino. Qué pasa en la colonia, en las calles y en el centro y comercios de nuestra ciudad sin tener que ir tan lejos como el otro lado del mundo.

Es decir, hagamos de nuestras preocupaciones generadoras de acciones más reales que nos beneficien directamente como seres humanos inmersos en una sociedad.
Con lo anterior no pretendo decir que no debamos solidarizarnos con las desgracias mundiales o nacionales, pero sí que demos a nuestra existencia una dimensión más real, dedicando menos horas a la información de todo tipo y más a la familia a nuestro hogar y nuestro entorno en general. Todo esto con el fin de lograr el equilibrio.

Y podríamos extendernos mucho más, pero no es el lugar ni el momento. Que nos baste con haber captado la idea general de lo que significa la depresión, el porqué una persona puede estar deprimida a pesar de tener cubiertas sus necesidades básicas y cómo se puede combatir esta terrible enfermedad del mundo moderno, con terapia, con medicina, pero sobre todo, con mucho amor ( mi superstición particular por ser mujer)

Dra Karla Estrada.
Psicóloga Clínica UNAM.
10 de diciembre de 2007.

ROL FEMENINO Y MASCULINO


Durante mucho tiempo el papel que debía desempeñar la mujer en la sociedad estaba bien definido. Se identificaba con la ternura, la pasividad, la comprensión, el desempeño, los cuidados, la fidelidad, la constancia, y la fortaleza, entre otras cualidades, y se esperaba cumpliera con el papel asignado sin objetarlo. Pero llegó el movimiento feminista, el cual cuestionaba estos roles y empezaron las protestas y ellas exigieron ser tratadas como hombres, con iguales derechos, más se olvidaron en el cálculo de las obligaciones.

Si se iban a tener iguales concesiones, también se tendrían, por igual, responsabilidades, y esto incluía enfrentarse al mundo laboral, abandonar los hogares y a los hijos y desplazarse para ir a los centros de trabajo: Permanecer largas horas ahí y alejarse de los problemas domésticos que ahora se veían como insignificantes.

Así fue que de repente las mujeres nos vimos inmersas en el papel masculino, sin podernos desprender, como es lógico, del femenino, y con la carga de estos dos roles en los últimos años, la sociedad nos exige cumplir con esta doble vida que está acabando con la misma sociedad que lo impone.

Esto genera un gran estado de agitación que degenera en depresión y angustia. La mujer siente que por más que se esfuerza, no logra cumplir en forma satisfactoria, con ambos roles, y decidiendo diariamente para cual lado de la balanza inclinarse, es como deja espacios sin cubrir que le producen sentimientos de culpa, pues no sabe bien a bien a quien consignar. Sintiéndose insatisfecha consigo misma, al igual que en una mala relación de pareja, se presenta la frustración y la tristeza y no se ve la salida del túnel por ningún lado.

Dicha situación ha dado lugar a que la niña que se convertirá en mujer se sienta sumamente confusa y desorientada en cuanto al curso que su vida seguirá como adulta. Ya no puede esperar un noviazgo porque eso pasó de moda, al igual que la moral. Ahora lo raro es llegar virgen al matrimonio y no la castidad. Se permite probar de todo y se presiona para que la joven termine una carrera, ingrese al mundo laboral y compita con los hombres por un puesto en un empleo lo mejor remunerado posible. Pero la biología no perdona. Cada vez son más las mujeres que se acercan a los 40 o los rebasan y no tienen pareja ni hijos, todo por sacrificarse en aras de una profesión o de un trabajo.

Esto conlleva también a una crisis familiar, que como sea también afecta a los hombres. Hemos nacido en una época en la cual no se nos preguntó si estábamos de acuerdo o no con la liberación femenina, y ésta, en lugar de ayudar a una mejor adaptación a la mujer, se ha ido a los extremos y ahora amenaza con destruirla.

¿No habrá alguna manera de conciliar los rasgos buenos de la liberación femenina con los de la feminidad tradicional? Definitivamente este camino de doble sentido hacia un sitio no bien definido sólo traerá como consecuencia la destrucción de hogares y la insatisfacción de hombres y mujeres, quienes, temerosos, se dejan llevar por las exigencias absurdas de una sociedad en decadencia.

Recompongamos, si es que se puede, lo que todavía queda de dignidad en la mujer y volvamos a tener papeles con los que podamos cumplir sin exigirnos tanto, porque es inútil, ya lo vimos, ni cumplimos aquí, ni allá, y quedamos no en medio, como era de esperarse, sino atadas a alguno de los polos que no nos identifican ni como mujeres ni como hombres. Como decía el Doctor Agustín Caso, psiquiatra, la mujer nunca podrá ser igual que un hombre, simple y sencillamente porque es mujer.

Dra Karla Estrada
Psicóloga Clínica UNAM
Para la Redacción de Literana
septiembre 2007

LA MUJER, EL SEXO Y LA SATISFACCIÓN SEXUAL


La mujer actual padece cada vez más desórdenes neuróticos, resultado del producto de la unión de la cultura occidental y su propia fisiología, la cual le impide despojarse por completo de su condición de fémina.
No puede renunciar a disfrutar de su sexualidad, sin embargo, esto se torna difícil en el ámbito rebuscado de las reglas ocultas de la sociedad.
Siendo sexualmente menos agresiva que un hombre, para la mujer es complicado tener relaciones sexuales satisfactorias sino están profundamente enamoradas de su pareja. Muchas que son verdaderamente promiscuas no tan solo no sienten satisfacción alguna sino que todavía sienten culpa, frustración y pérdida de valores.
¿Cómo explicar esta notable diferencia entre hombres y mujeres? Mientras para un varón es fácil relajarse durante el sexo a una chica no solo no le gusta sino que llega hasta el rechazo violento de la situación si no hay compromiso, es decir, amor.
No obstante, la mujer moderna lucha por que se le trate con dignidad; aboga por los derechos y por su igualdad ante la ley, y esto es muy loable, pero debemos ser sinceros y reconocer que falta mucho para que realmente la mujer tenga un lugar de respeto y dignidad en todas las situaciones de su vida.

Existe todavía un machismo fundado dentro del seno de las propias familias, vivido y glorificado por los varones y apoyado y solapado por las mujeres, sobre todo las madres, que no ven mal el comportamiento de sus hijos y en cambio denigran el de sus nueras.
Y la historia se repite una vez más: La niña que se convierte en mujer en este albor de siglo, aspira a ser tan inteligente, capaz e independiente como un hombre, y todo esto no es fácil de lograr, desde un principio porque la mujer es, sencillamente, mujer, y podrá tener igualdad ante la ley, pero fisiológicamente sus emociones la colocan en desventaja frente a un mundo masculinizado.

Y aún las que dicen ser “muy liberadas” sufren de esta frustración de querer ser y no poder, por lo que son fácil presa de trastornos neuróticos, sobre todo de angustia y depresión, las cuales suelen manifestarse en mujeres jóvenes, de 25 a 35 años, quienes se presentan en el consultorio con anorexia, insomnio, fatiga, aumento o pérdida de peso y obsesiones.
Las opciones son los sedantes, el descanso, los ejercicios de meditación y relajación, la psicoterapia, etc, pero todo esto, no será suficiente sino hasta que la mujer entienda que no puede exigirse tanto a sí misma y trate de encausar su forma de vida hacia una que pueda funcionar dentro de una sociedad tiránica sin el detrimento de su personalidad.

En pocas palabras, deberá aprender a estimarse por lo que es y dejar el curso natural llene los demás huecos de su existencia.

Una mujer plena de alta autoestima, capaz e inteligente, pero nunca neurótica es lo que deseamos para nosotras mismas tanto como para las amigas, madres, hermanas, hijas y demás mujeres que conozcamos o no, formadoras de los pilares mediáticos del mundo globalizado.

Dra. Karla Estrada
Psicóloga Clínica
Octubre de 2007