PIGMALION, VERSION EN LINEA



No se había dado cuenta de lo mucho que estaba involucrado con ella por el Internet hasta una noche que se fue la luz en la colonia y el flujo eléctrico dejó por espacio de casi tres horas inhabilitado el sistema de computo personal, el cual estaba instalado sobre una mesa justo frente a la cama dentro de la alcoba que solía utilizar para tratar de conciliar el sueño y dormir aunque fuera en horas salteadas durante las largas noches de su insomnio habitual.

El era un profesor de literatura, escritor frustrado pues a cuantos concursos enviaba sus textos nunca había sido merecedor de un premio, vaya, ni siquiera de un comentario mal intencionado o francamente una crítica o insulto; lo hubiese preferido a ser ignorado, pero como eso no se escoge, se conformaba con imaginarse en el lugar de un afamado hombre de letras, es más, un erudito, alguien a quien tan sólo bastaba hacer acto de presencia para ser venerado.

Por ello creo su propio blog en Internet y lo llenó de retórica y poética, iluminando las sombras del discurso con imágenes sugestivas de la belleza, y qué cosa es más bella y natural para un hombre sino una mujer. Así, empezó a diseñarla en paint, luego le dio vida en power point( presentación en diapositivas) y al final la pulió con wmv( archivo de audio y video de windows media)

Ya en video, la joven creada le daba la bienvenida todas las noches en su blog, el cual era privado y a nadie le había conferido la dirección para no ser sorprendido en la intimidad. Esta muchacha no tan sólo tenía formas perfectas sino además estaba adaptada con una voz melodiosa, la cual lo incitaba al ritual del amor. En sí, la esculpió, la diseñó, la hizo a su manera, le dio vida virtual pero seguía siendo tan fría y distante como una estatua de marfil.

Su rutina era escalofriante: Entraba todas las noches a las 8 p.m. a su recámara, y acercándose a un espejo que tenía colgado en la pared frente a su computadora, se peinaba, acicalándose al máximo para su amada.

También se vestía con sus mejores galas y se perfumaba. Ya preparado para el encuentro, encendía el aparato y nerviosamente esperaba la configuración en la pantalla. Se conectaba al Infinitum y en cuestión de segundos ya estaba dentro de su blog.
La chica en cuestión aparecía sonriente y al igual que él, vestida con sus mejores ropas y perfumada, bueno, lo imaginaba así, hasta creía poder percibir sus aromas. Luego, iniciaba el video, el cual duraba unos minutos y en donde se apreciaba como ella se iba despejando de su ropa para quedar desnuda ante él, como una diosa, la cual se recostaba en una cama de sábanas azules, y sin dejar de sonreír, lo incitaba para amarla.

El, completamente seducido, acercaba sus labios a la pantalla y besaba el frío vidrio sin obtener respuesta. Ella siempre sonreía de la misma manera y su figura desaparecía repentinamente cuando el video terminaba, él, desesperado, daba clic en el ratón para indicar Play again, y otra, otra, y otra vez, hasta pasar casi la medianoche, cuando comprendía que esa bella imagen jamás correspondería a su solicitud de amor.

Pero al día siguiente lo olvidaba e intentaba de nuevo; así pasó un tiempo hasta enterarse que habría un eclipse lunar. Salió muy emocionado a la calle y corrió a buscar un lugar idóneo para observarlo. La luna estaba ahí y aprovechó para hacerle una petición: Deseaba que la mujer de su blog adquiriera vida humana. Lo pidió con vehemencia, pero la luna no parecía darle respuesta. Siguió el transcurso del eclipse y él se fue a acostar sin haber encendido la computadora. Eso era algo extraño en él ya que tenía meses de no despegarse de su imagen ni una sola noche.

Esa noche de luna llena él se relajó como nunca, durmió y soñó maravillas que olvidaría al despertar. Al día siguiente y después del ocaso, estaba en duda de seguir con sus prácticas por Internet o darse de una vez por vencido.

Se conectó a las 9 y media de la noche, y como vio todo exactamente igual se desanimó, apagó la computadora y fue a la cama. Abrazó la almohada y trataba de dormir cuando sintió una extraordinaria suavidad entre sus manos, no podía creerlo y acarició cada vez más a su cojín, pero éste había tomado las proporciones de una mujer. Su sorpresa fue enorme al comprobar que ya no era su almohada sino la mujer del Internet, quien estaba desnuda.

La abrazó acercándola y pudo comprobar que respiraba, aprovechó para besarla en un beso largo, húmedo, que ella correspondió. También le sonreía, pero ahora podía percatarse de sus blanquísimos dientes y del brillo intenso de sus ojos. La amó como jamás había soñado amar a una mujer. La luna había sido justa y colmada de generosidad le concedió su deseo en aquella noche de luna llena y de eclipse total lunar.

Bertha Sánchez De la Cadena.

23 de febrero de 2008

 

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