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El Burócrata. Novela por entregas.


CAPITULO CINCO

La red del amor había atrapado a Caty, y por eso, se dirigía tan contenta a la fiesta que habían organizado sus compañeros por motivo del cumpleaños del jefe. La reunión sería en casa de una de las chicas y empezaría a eso de las siete de la noche de aquél sábado. Ella llegó con un poco de anticipación, como era su costumbre: se sorprendió al ver a varias de sus compañeras, quienes ya preparaban los bocadillos de las entradas y en sí se encontraban al pendiente de los últimos detalles. Preguntó si podía ayudar en algo, pero le dijeron que ya estaba listo todo: le ofrecieron un café y se sentó en la sala con varias personas, a las que veía por primera vez. Una señora, quien era la secretaria personal del Jefe, la jefa de Javier y otra mujer de mediana edad a quien nunca había visto. Después de intercambiar saludos, la Señora Dora, la jefa de su jefe, le presentó a su hermana: se llamaba Tania y era la esposa de Javier. ¿ La esposa de Javier? ¿ Cuál Javier?¿ Su Javier? En esos momentos sintió un escalofrío y estuvo a punto de desmayarse, pero por suerte estaba sentada.
¿ Era casado? ¿ Tendría hijos? ¿ Cuánto tiempo llevaba de casado…seguramente no mucho?¿ Tendría hijos pequeños? La mujer ya no lucía muy joven, como de la edad de él, pero quizá un poco mayor. ¡ Qué tonta! Comprendió que su inocencia rayaba en la estupidez ¿ Cómo había podido enamorarse de esa manera y entregar su corazón entero a un desconocido? Estaba perdida y lo sabía: se mordió los labios y aparentó tranquilidad, aunque por dentro hervían mil pasiones en su pecho.

¿ Cómo había sido tan ilusa para creer que aquel hombre era libre? Debió haberlo sospechado, pero no, se dejó llevar por el encantamiento del amor y estaba atrapada. Se sintió morir ¿ cómo iba a poder volver a mirarlo a la cara? No había alternativa, para ella no había otra salida más que abandonarlo, pero ¿ sería capaz de dejar de amarlo? Eran demasiadas cosas para tan pocos momentos y no se sentía con capacidad como para tomar decisiones. Un gran dolor le recorría el cuerpo, agitándola, impulsándola a gritar o a salir huyendo de ahí, pero no podía, debía guardar las apariencias…

………………………

Ya no escuchó el resto de la conversación: su cabeza daba vueltas y nuevamente sintió desmayarse aún sentada. Una de sus compañeras se dio cuenta y le preguntó si se sentía mal, ella dijo que no pero la otra, que era más astuta, se había dado cuenta de la perturbación de la joven, por lo que la comprendió, tendiéndole la mano y estrechando la de ella en señal solidaria. Caty sonrió y bajó la mirada: en eso, Javier tuvo el descaro de presentarse. Pasó de largo sin saludar a su mujer ni a su cuñada: le tomó de la mano y le dio un beso en la mejilla. Ella apenas si le correspondió el saludo, haciendo su cara de lado.

Con este simple gesto, el otro entendió inmediatamente que había sido descubierto. Le pidió a la compañera de Caty le cediera su lugar junto a ella, pero después que se sentó, la muchacha se paró rápidamente. No tenía ánimos de conversar con Javier.
Decidió no dirigirle la palabra en el resto de la noche. El se dio cuenta y se mostraba desesperado, buscándola con la mirada, pero ella fingía ignorarlo, en cuanto todo el tiempo pensaba tan sólo en él.

…………………

Javier estaba muy descontrolado: nunca había sentido algo así de grande por nadie. Se encontraba confuso y sin saber qué hacer: en eso, su mujer se le acercó para preguntarle si se regresaría con ella a la casa. El se encendió de coraje y aprovechó para gritarle delante de todos: inició una discusión de la nada y posteriormente le dio la espalda y la dejo hablando sola. Todos se pudieron dar cuenta de lo mal que se llevaban y que, Javier no tenía la menor intención de ocultarlo.

En eso llegó a la fiesta el mejor amigo de Javier, quien también estaba con él en la compañía de Teatro, y esto fue el pretexto para que se pusieran a hablar de los próximos ensayos y poder plantar a su mujer.

Mientras tanto, Caty tuvo que dar su mejor actuación, aparentando que no le importaba el engaño de Javier. Siguió platicando y comió algunos bocadillos. Dos horas después, consideró prudente retirarse, por lo que se despidió de algunos y se dirigió a la salida. Ya en la puerta, Javier la interceptó y sin decirle palabra se le puso enfrente, mirándola a los ojos: ella desvió la mirada y le hizo una seña para despedirse de él. Esa noche no pensaba volver a dirigirle la palabra.

Al regresar a casa le embargaban muchos sentimientos entremezclados: todo parecía tan confuso y absurdo, y aún así, a ella se le había olvidado considerar la posibilidad que Javier no fuera soltero.

De repente sintió rabia y quiso saber lo que le había ocultado: cuántos años llevaba de casado, si tenía hijos o no y las edades de ellos.
Se sintió muy herida porque Javier ya tenía dos meses de cortejarla y pensaba que era en serio. No sabía qué decisión tomaría, pero en esos momentos poco le importaba: el dolor del desengaño la desgarraba y apenas si podía aceptar que su “Javier” no tuviera buenas intenciones con ella…¡ Qué cínico! ¿ Cómo estaba buscando la mujer ideal siendo casado y teniendo responsabilidades con su familia?

No entendía porque él aparentaba ser un hombre solitario y lleno de angustia; quizá sí lo fuera, y precisamente esto fue lo que le llamó la atención a ella.
La teórica idea de que con su amor podría ahuyentar los fantasmas del miedo y de odio a sí mismo, se fue por los suelos. El amor no parecía bastar, o quizá él solamente se quisiera en forma egoísta sin pensar en los demás, por lo que sería absurdo pretender que la quisiera verdaderamente.

Un hombre sin respeto por su familia no era buen candidato a sus ojos, y menos para ella, quien creía en el matrimonio y tenía intenciones de tener hijos y vivir para siempre con el elegido de su corazón.
Pero en este caso no funcionaban sus anhelos, ya que el tal Javier estaba casado, seguramente por la Iglesia y eso era un impedimento total para ella, quien era católica. ¿ Y él? También se decía católico, o cristiano o lo que sea, pero no parecía practicar mucho sus convicciones religiosas. Estaba acostumbrado, por lo que había oído decir, a tener amantes, por lo que para él seguramente no era válido eso de la indisolubilidad del matrimonio: poco le importaba también la idea del amor y de la fidelidad, entonces…¿ por qué la había elegido a ella, quien era tan diferente de las otras? Probablemente la estaba tomando como un reto: si lograba enamorarla sería para él como la obtención de un trofeo que pudiera presumir con sus amigos, y este pensamiento le dolió.

Si fuera así, eso explicaría muchas cosas: su insistencia, su prisa, su desesperación y hasta su cinismo. Lo que sí podía percibir era que estaba frente a un hombre que le llevaba ventaja en cuanto él tenía experiencia suficiente como para engañarla y darle la vuelta y todavía regresar.

Era frecuente también sus mentiras y enredos. Ya no quería reflexionar más sobre el asunto: estaba cansada de que la juzgaran, de que si era creyente o no, que si era virgen o no, que si era soltera o casada, que si rica o pobre, que…
Hasta debía definir, y subrayándolo, que no era lesbiana¡ Cómo si verdaderamente le importara a la gente sus gustos sexuales! Todo lo hacían por molestar, y ahora que su enamorado era un hombre casado, pues no se la iba acabar, menos con su mamá, quien seguramente daría el grito en el cielo y le exigiría alejarse de Javier lo antes posible.

Pero su madre no tenía porqué enterarse, a menos que, ella se lo dijera¿ tendría el valor para platicarle a su mamá de los engaños de ese hombre? Seguramente ella tomaría partido en su contra, y no habría ni una esperanza de que lo quisieran aceptar como su marido…
Pero, ¿ en qué estaba pensando? ¿ Cómo se iba a casar con un casado? No, no había vuelta de hoja, tenía que alejarse de Javier lo más pronto posible, pero ¿ sería capaz?

……………………

La depresión la fue hundiendo, y se sintió atrapada en un mundo lleno de prejuicios, contaminado y corrupto, con las leyes siempre escritas a conveniencia de un tercero. Todo era mentira a su alrededor: el amor de Javier, los preceptos aprendidos desde niña, su pasión por aquél hombre, la rivalidad con su mujer, los argumentos por los que debía renunciar al amor…

Sin embargo, se dio cuenta que no podía huir de ella misma ni de sus convicciones: su educación, ya estaba dada, impuesta por una sociedad a la cual no pidió pertenecer, pero en la que ya estaba inmersa, y cuyas reglas se transgredían siendo esto como el pan de todos los días: pensó que ella estaba llena de miedos e inhibiciones y se hizo una pregunta: ¿ Qué era peor: sí el vivir sin inhibiciones o tener tanta inhibición?
Y en esos momentos no se sintió capaz de responder…..

TANIA Y LAS DIETAS PARA BAJAR DE PESO

Tania estaba un poco nerviosa: si bien era cierto que le había conocido a Javier numerosas enamoradas, no sabía por qué, al conocer a la “ nueva”, sintió un inexplicable temor. Su corazón de mujer le hacía ver que Caty era diferente a las otras y ella si podía hacer que Javier la dejara.

Esa mañana después de haber dormido tranquilamente, pues Javier había llegado en la madrugada, tomó un baño y se amarró la toalla al cuerpo: su hija le gritó, y por responderle dio un giro que provocó quedara desnuda ante el espejo.

Hacía mucho que no se atrevía a mirarse; sabía que el paso del tiempo, la falta de ejercicio y el comer de más, había destrozado su figura.
Primero vio su rostro: las arrugas se asomaban como bolsas debajo de los ojos, y unas patéticas patas de gallo se desprendían hacia las sienes.
Sus cuarenta y tantos años habían hecho lo suyo en la piel de su cara: restaba mucho de ser lozana. Se llevó las manos hasta sus mejillas: las palpó rasposas, como si estuviera tocando zacate. Sus hombros, antes blanquecinos, lucían numerosas pecas, y sus pechos, aunque no muy voluptuosos, ahora colgaban fláccidamente como un par de pequeñas campanas tocando un discreto tañido.

No quiso mirar más abajo: con lo que había visto se le hizo más que suficiente. Se lavó los dientes, y al colocar nuevamente en su lugar al cepillo, no pudo evitar un discreto balanceo: visualizó su vientre…¿ alguna vez lo había tenido plano? Lo dudaba mucho. Quizá antes de la adolescencia, cuando todavía era una niña, pero entonces eso ni le importaba. En ese momento parecía más bien una masa gelatinosa, informe, que temblaba burlonamente haciéndole recordar que se encontraba llena de indeseable grasa.

Aquí, cogió la toalla y se volvió a cubrir. Seguramente las canas que poblaban el monte de Venus, y las várices que surcaban como carreteras sus piernas, le eran más conocidas.

Volvió a su rostro: dio un largo suspiro. Definitivamente tenía que hacer algo urgentemente para lucir mejor. Su cabello tampoco se salvaba: las canas entremezcladas con raíces alguna vez castañas, la hacían lucir de mayor edad. ¿ Habría algún remedio para el envejecimiento? Tenía que haberlo, por lo menos transitorio, y pensó en el tinte para el pelo, en las cremas para las arrugas, en las dietas, en el ejercicio, en…Sí, quizá también le vendría bien un cambio de imagen, luciendo una ropa más juvenil, de moda. ¡ Pero todo eso salía tan caro y ella apenas si tenía algo de dinero para irla pasando! Hasta le convendría ponerse a trabajar: lo que le daba Javier de gasto, era una risa comparada con las necesidades de la familia.

Si no fuera por su mamá y su hermana, quienes la ayudaban cien por cien y la apoyaban en todo, no sabía qué hubiera pasado. Probablemente su matrimonio ya se hubiera ido a pique desde hacía mucho. De todas maneras, se había descuidado mucho y quizá por eso su marido la repudiaba tanto, y en cierta forma se vio como la culpable de las aventuras de Javier, al fin y al cabo, él era hombre y su naturaleza le impedía serle fiel, y luego ella, con esa facha, estaba contribuyendo para que él la dejara por otra.
Y sintió como si estuviera labrando su propia tumba, casi a punto de morir, esperando ser enterrada.

…………………….

Se puso lo habitual: pants, tenis y una camiseta. Se peinó rápidamente para poder salir a la calle y llevar a los niños a la escuela y habló por teléfono a su mamá para avisarle que ese día no iría a comer.

En sus manos tenía un anuncio del periódico y su cara parecía animada.
Había mucha información en letras impresas, además de los números telefónicos y la dirección en el primer plano de la hoja, la cual más o menos decía lo siguiente:

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CON TODO ESTO, QUEDARÁS COMO NUEVA ¡ LLÁMANOS ¡ TENEMOS TRATAMIENTOS PERSONALIZADOS AL ALCANCE DE TUS MANOS.

…………………….

¿ De verdad podía quedar como nueva? Tania no sabía absolutamente nada de medicina pero algo le hacía desconfiar de tan buenos resultados en tan poco tiempo ¿ No sería pura sacadera de dinero? Aún así, decidió hablar por teléfono para pedir más informes. Se fue de espaldas al enterarse de los precios, los cuales eran exorbitantes: ni siquiera podía pretender juntar el dinero para poder pagarlos. Debía existir alguna alternativa más económica.

Rascó en el cochino de los ahorros y encontró algo, con lo que se compró un tinte de color de moda, rojo cobrizo, y una crema de colágeno para las arrugas y otra de concha nácar para las manchas de la piel, todo esto lo pudo adquirir en una conocida farmacia del centro de la ciudad donde realmente los precios eran muy accesibles.

Y ya que le quedaba de paso, preguntó en otra sucursal de la misma tienda por los precios de una faja reductora, y calculando sus gastos totales, decidió comprarla de una vez, ya que no era fácil estar perdiendo toda la mañana nada más para ir de compras. Se le hacía tarde ya que debía regresar a recoger a los niños en casa de su mamá.

El hambre la devoraba: pensó que podía tomar algo, pero sin pasarse ya que ese día se había propuesto iniciar la dieta. Se alegró por unos instantes con el pensamiento de que podría bajar una o dos tallas con mucha fuerza de voluntad, bueno, eso ya se vería.

Buscó alimentos sanos, bajos en calorías, libres de grasas…No había más que puestos callejeros donde ofrecían toda clase de fritangas, y restaurantes caros.

Por fin, después de mucha deliberación, eligió comerse dos quesadillas de quesillo y tomar una coca cola “light”; esto no debía aumentarle mucho el peso, teniendo en cuenta el ejercicio realizado al estar caminando por tantas calles y además, siendo poquita la cantidad.

Convencida con estos razonamientos, iba a pagar las quesadillas cuando a sus narices le llegó el olor de unas deliciosas gordas de chicharrón. No pudo resistirse y pidió dos: una con lechuga y salsa verde y la otra igual, pero con salsa roja de chile ancho. Después de sentirse satisfecha, de todas formas pensó que aquello no era nada comparado con lo que siempre estaba acostumbrada a comer y que, siendo menos en cantidad, forzosamente debía engordarla también menos. Pagó y se dirigió a la esquina donde pasaba la pesera que la dejaría en casa de su mamá. Durante el camino reflexionó un buen rato, mientras el ómnibus trataba de abrirse paso en medio de las montañas de autos: se dio cuenta de que apenas comenzaba su peregrinar en el difícil camino hacia tratar de verse más joven, con la esperanza de reconquistar al esposo infiel.

…………………..

Esa misma tarde al llegar a su casa se pintó el cabello: al salir del baño se fue a su recámara para untarse las cremas correspondientes al tratamiento casero que pensaba realizar por cuenta propia. En eso estaba, cuando escuchó un golpe de la puerta que daba al pasillo del condominio: se le hizo muy extraño, ya que el único que tenía llave y podía cerrar de ese modo era Javier, pero él nunca llegaba tan temprano.

Eran casi las ocho de la noche y los niños aún estaban terminando su tarea en la mesa del comedor: al ver a su papá también parecieron sorprenderse. Él los saludó con un distante beso y se fue a tumbar al sofá sin dejar de fruncir el ceño. Tania se asomó y le dirigió una sonrisa la cual él ni siquiera se dignó en contestar: los niños reían y ella regresó a su cuarto para terminarse de arreglar.

Pasaron unos minutos y Javier, quien evidentemente no venía de muy buen humor, le gritó a su hijo que bajara la voz: el niño enmudeció y empezó a juntar sus cuadernos con el propósito de retirarse a su habitación. La niña veía televisión y él se levantó del sofá para bajarle el volumen al aparato: tomó el control en sus manos para evitar que ella lo volviera a subir y acostándose nuevamente, cerró los ojos.

Miles de contradicciones danzaban en su atormentada mente, haciendo revolotear fantasmas que nadie sabe para quién trabajaban: escuchó un fuerte ruido y abrió los ojos. En el traslado de los útiles escolares a la recámara, al niño se le había caído una regla de metal, y en su prisa por recogerla, había tirado un vaso con leche que aún quedaba sobre la mesa; Javier le llamó la atención diciéndole que era un torpe. Le ordenó limpiar lo que había ensuciado y mientras el chico lo hacía nerviosamente, él modificó el tono de su voz y le preguntó acerca de sus actividades en el colegio.
Esto sorprendió mucho al pequeño, ya que su padre rara vez le dirigía la palabra, sin embargo, alzó la vista y contestó.

Varias veces fue interrumpido, sobre todo por críticas a su desempeño y continuaron las preguntas; aquello parecía ya un interrogatorio policiaco. La cara del niño palidecía y sus dedos presentaban un ligero temblor. La cólera de Javier estallaba en fracciones de segundos sin terminar de hacer una explosión final. Tania escuchó la voz alterada de su marido y acudió en ayuda de su hijo. Trató de distraerlo, pero no sabía cómo: en eso, se le ocurrió decirle que le había hablado por teléfono desde el extranjero, uno de sus amigos más queridos que ahora radicaba en España, y como él no se encontraba, había dejado el recado de que se volvería a comunicar y que le mandaba muchos saludos.

Claro que se trataba de una mentira piadosa, pero surtió efecto: él se calmó e hizo una mueca. Ahora el interrogatorio estaría dirigido a averiguar detalles de dicha llamada.

……………………..

Javier Junior se fue rápidamente a su cuarto aprovechando esta tregua: Guardó sus útiles en el librero y se puso el pijama; se acostó e intentó dormir.
No podía conciliar el sueño, por lo que encendió nuevamente la luz y sacó unas revistas; las historias eran principalmente de secuestros, violaciones y ataques terroristas.
Se sintió peor con estas lecturas: pensó entonces en la computadora y la conectó para poder “ chatear” por internet en conversaciones “ virtuales” vacías.
Por fin, en un par de horas, regresó a la cama y se durmió.

………………………

El sueño lo agitó durante la primera mitad de la noche; terrores nocturnos lo impulsaban a levantarse de la cama interrumpiendo su pesadilla y un nudo en la garganta le impedía gritar. Hizo a un lado las sábanas: se levantó dormido a caminar. Su tambaleante cuerpo avanzaba torpemente, dando dos pisadas a la vez por lo que casi se quedaba en el mismo lugar.

Se topó con la puerta dándose un leve golpe: salió a la sala y caminó por el breve pasillo. Su madre, quien ya le conocía estas expediciones nocturnas, le habló suavemente al oído, y tomándolo de la mano, lo volvió a acostar.

………………………..

Soñó con varios sacerdotes: Había un ritual. Las personas se sumergían en una especie de alberca redonda; se acababan de ahogar. Luego flotaban: había varios cadáveres que desechaban uno tras otro, pero ninguno de los que introducían en el agua llegaba de pie. Era una especie como de ahogar al que ya estaba muerto: presenció tres ritos y su corazón parecía salirse del pecho al ver esos pálidos rostros, cubiertos de canas, y después de un fuerte grito que no alcanzó a escucharse, se despertó.

…………………………………

Tania tampoco tenía dinero para el gimnasio, por lo que decidió hacer aeróbicos caseros, y tras quince días de esfuerzos frustrados por recuperar su figura, de dio por vencida y se dio un atracón de comida. Inmediatamente se sintió culpable, por lo que corrió al baño y ahí se provocó el vómito. Su familia, alarmada, le preguntó si se encontraba enferma, a lo que ella respondió que seguramente le habían caído mal unos tacos de la calle que había cenado la noche anterior.

Le creyeron esta historia sin dificultad, ya que la comida callejera suele ocasionar con frecuencia desperfectos tales como vómito y diarrea. Así fue que le recomendaron varios tés y mucho reposo. Al día siguiente era sábado y celebraban el cumpleaños de Javier Junior; contra todo lo esperado, su papá estaba en casa, aunque sin regalo, por lo que pensaban irse de compras al centro para buscar juntos algún obsequio. El joven adolescente estaba encantado con la idea de salir a pasear con su padre. Salieron después de la comida a eso de las cinco de la tarde: las tiendas del centro se encontraban atestadas de gente ya que era fecha próxima a la entrada de niños a la escuela terminado el periodo vacacional de verano.

Estas incomodidades no parecían importarles: tanto padre como hijo estaban por vez primera disfrutando de un encuentro largamente esperado, el cual se había finalmente dado gracias a la fecha de onomástico del pequeño. Javier niño iba feliz al lado de su padre: los escaparates de cristal se le antojaban inmensas vitrinas donde estaban guardados los tesoros ofrecidos a su tierna inteligencia. Pasaron por tiendas de libros, artículos de fotografía, joyas, relojes, ropa, papelería, mercería, así también como por establecimientos donde se podía comer desde un taco hasta una torta cubana, y otros en donde se mandaban imprimir toda clase de escritos comerciales y anuncios. Sus jóvenes ojos le hacían ver una cascada de conocimientos y aventuras en los títulos de las portadas de los libros, haciéndolo vibrar de emoción.
Su imaginación era capaz de recrear una historia a partir de las imágenes de las pastas, y cada texto debía ser para aquel que lo leyera, toda una aventura. El encanto se rompía cuando, al intentar tocar los libros, sus dedos se estrellaban en el vidrio. Su padre lo miraba y sonreía: era claro cuánto le gustaban los libros a su hijo.

Por fin había llegado el turno de entrar al establecimiento: montañas de libros se acumulaban para beneplácito de los lectores que ahí acudían en busca tanto de alimento espiritual como intelectual: cientos de tonos de colores, entre desgastados y brillantes, hacían eco en las pupilas del joven. Sus manos tocaban, temblorosas, las pastas, deseando reconocer el contenido total y maravilloso de aquél texto tan sólo con el tacto, y sus ojos, se llenaban de incipientes lágrimas que lo embargaban por la emoción de encontrarse tan cerca de los tesoros del saber y de la verdad.

No podía decidirse: todo le gustaba, todo le llamaba la atención y todo lo maravillaba. Había en ese sagrado recinto desde manuales de cómo hacer mejor hasta monumentales libros de arte, pintura y arquitectura. De repente, encontró lo que buscaba sin saberlo a ciencia cierta: se trataban de dos tomos titulados La Enciclopedia de la Aviación en dos volúmenes. Su corazón latió con más fuerza y no lo pensó dos veces; le dijo a su padre que quería ese libro.

Era un poco caro para el bolsillo de Javier, sin embargo, se lo compró pensando que sería un buen regalo. Salieron de la librería y se encaminaron a la Plaza Principal. En el Zócalo estaban en esos momentos realizando la ceremonia de Izar la Bandera Nacional: Los dos se quedaron hasta el final, contemplando embelesados los colores patrios reflejando la luz de los últimos rayos del sol en el ocaso de la gran ciudad.

ESTA HISTORIA CONTINUARÁ….
NO SE LA PIERDA EN EL NÚMERO DE ENERO DE 2003.

BERTHA SANCHEZ DE LA CADENA D.R.2002.

Texto tomado de la NOVELA INEDITA EL BURÓCRATA,
SEP-INDAUTOR 03-2002-06191382300-01.

 

 

 



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