DESDE MORELIA MICHOACAN


EL PLACER DEL TRABAJO
Por: Martín Guzmán

Con una promesa de viáticos adelantados los de COFOM y con un montón de salidas sin tramitar el de la CONAFOR, en horas fuera de costumbre(las 5 de la mañana) arrancamos de Morelia hacia el municipio de Tumbiscatío Michoacán, un martes 7 del mes en que la luna es más hermosa(Octubre pues), además de lluvioso y con una bruma que no permitía la mejor visibilidad al operador que esto relata.
Sorpresas a cada rato después de pasar Uruapan, ya que por primera vez transitaba por tan flamante vía, además de asegurarme que el desembolso por concepto de peajes no me afectara. Casi todo el trayecto ocurrió sin contratiempos, excepto por el temor de quedar sepultados por uno de tantos derrumbes ocurridos, y que Agustín intentaba despejar a cada rato.
Además de los objetivos citados, los personajes acompañantes llevaban en mente resolver el caso peliagudo planteado ante el Comité Operativo en su última sesión, por el que es “juez y parte” y que sólo un ciego no ve y descifra que se trata de un asunto irregular. Para ello fue que se desarrolló una reunión con el Presidente Municipal de Tumbiscatío, esta comitiva y tres del lado defensor del proyecto sin pies ni cabeza.
Queriendo “enseñar el padre nuestro al Señor cura”, Agustín se explayó con antecedentes que por un oído entraban y por otro salían..., hasta que fue interrumpido por el “juez y parte”, quien habló en nombre de los ausentes propietarios, seguido también por el que ostenta la representación de la UREMAF fantasma en el lugar, con residencia en la ciudad capital de los aguacates.
Con mucha más sensatez, el joven munícipe, dejó entrever su gran interés por el proyecto planteado, aportando datos valiosos de costos en la ejecución “in situ” de los mismos, información acumulada y verídica dizque “a toro pasado”.

Como era de esperarse, tuvo que asentarse en minuta lo importante de esa reunión, para lo cual me apresté a echar mano de mis anotaciones, pero como el “juez y parte” intervino de manera notoria, le puso de su ronco pecho todo lo que supo y quiso, al grado tal de querer agarrarse del chongo (primer round) con el inge Juan por el contenido de la poco útil minuta, y para nada se tomaron en cuenta mis garabatos. Después de la firma por todos, y no obstante que ya nos habíamos despedido de la autoridad municipal, el “juez y parte”, junto con el inge Huerta, se introdujeron nuevamente a la oficina del Presi para despedirse por enésima ocasión o vaya usted a saber con qué objeto.

Para las dos o tres personas que lean este relato, su contenido les parecerá más que simplista, pues qué caso tiene asentar que al salir del local que ocupa la Presidencia Municipal, medio nos pusimos de acuerdo para continuar rumbo al poblado de “Playitas”... Pues no, no es así de sencillo; vale la pena recalcar que los personajes que representaban a la UREMAF fantasma se volvieron “ojo de hormiga”, desapareciendo de nuestra vista en menos de lo que “canta un gallo”; Luego, nosotros como personas inocentes, creyendo que se nos habían adelantado, con la rapidez de una tortuga nos proveímos de pan, plátanos, tostadas rancias, refrescos y agua, para de inmediato enfilar por donde los vecinos nos decían que era el rumbo a Playitas, no sin antes decirnos con asombro, admiración y lástima:”¿Van a Playitas con este clima...? que les vaya bien y que Dios los bendiga y los cuide...”

En efecto, recorrimos los más de treinta Km. hasta llegar al poblado mentado, después de pasar el “Arroyo de Apo”, que nos amenazó con arrastrarnos aguas abajo.
Pero, ¡ Oh sorpresa! Los personajes no habían llegado, y como suponíamos, se sentaron a comer en alguna de las escasas fondas desconocidas para nosotros. Yo de plano creía que no irían y que todo había sido un plan fallido.
Tan luego arribamos a la casi única tienda, situada en la explanada del poblado, a fuerza de lanzar preguntas a la despachadora, supimos de don José Peña(su papá), que trabaja con Carlos Zavala R., así como su hija Liliana de no malos bigotes.

Como siempre, Agustín echando mano de su desesperación, localizó el teléfono inalámbrico y empezó a comunicarse con todo el mundo hasta que obtuvo información suficiente. Por supuesto que los parroquianos, los cuales hacían tertulia en el Walmart de Playitas, apenas contestaron nuestros saludos y no cesaban de mirarnos como si fuéramos sujetos raros venidos de otro planeta. Nosotros también estábamos azorados de las tantas cosas que se exhibían en la tienda de raya: Desde láminas de cartón, fertilizantes, insecticidas, atarantadores (tequila, don piter, charanda, etc., etc.), las populares aguas negras y de otros colores, botones, mejorales, azúcar, galletas y lo que se les ocurra. Me fijé en un humilde personaje de nombre y apellidos desconocidos, que en lugar de carrito, llenaba un costal que fue de azúcar hace muchos años, con los elementales productos para sostenerse tal vez una semana en su vivienda del cerro, y que en ese instante portaba en su mano un buen trozo de pan que mordía a cada rato.

No pasaron los 3600 segundos cuando arribaron los tres ciudadanos de la UREMAF, y acto seguido enfilamos todos dizque a ver los predios propuestos para rehabilitar sus caminos, intención frustrada por el estado intransitable del camino troncal, poco antes del arroyo de “Juan Cruz”, distante aproximadamente siete Km. de Playitas, que por supuesto no pudimos cruzar por los incontables litros de agua, lodo y ramas que arrastraba. Nos devolvimos por la misma ruta, no sin antes disfrutar a plenitud de los indescriptibles paisajes conjugados por la vegetación, suelo y agua abundantes y sonidos distintos a los de la ciudad de Morelia, así como por el sobresalto y latir del corazón por el peligro permanente de resbalar por los lodazales y precipicios de los caminos dañados.

Otra vez, en la tienda de raya Walmart, queriendo arreglar lo que no tiene arreglo, y con planos y croquis “virtuales” a decir de Robles, el señor “juez y parte” intentaba convencernos de la bondad e importancia de su proyecto, arguyendo en forma amable al principio y luego subiendo de tono hasta dejar entrever su interés particular, que debíamos decir que todo estaba más que bien... y los muchos billetes propuestos para el pago del trazo y localización le caerían de perlas.

Claro que Agustín y Juan insistían en la conveniencia de que los propietarios manifestaran sus puntos de vista; es más, tan sólo pedíamos conocerlos y platicar al respecto con ellos. La respuesta fue de que los “dueños” ya habían firmado las solicitudes y que no se encontraban en algún lugar del Estado o del país, pues algunos ya se habían ido al norte, o no se sabe dónde... Otra vez el señor “juez y parte” espetaba, ahora sí directa la flecha, que sólo buscábamos la forma de ponerle trabas a su proyecto, además de decirle a Agustín que estaba cerrado, acabado, y muchos otros adjetivos ofensivos. Poco faltó para que se agarraran del moco, de no ser por la sensatez y paciencia de Agustín. Esta discusión fue coronada por dos descargas seguidas de una 38 super, seguramente por sujetos alegrados por la cerveza, a unos 200 m. de distancia de nosotros y que tal vez nada tenían que ver con el tema.

Mostrando su buena educación, los ciudadanos de la UREMAF se despidieron de mano, perdiéndose a distancia por el rumbo hacia Tumbiscatío o Uruapan, su tierra querida. Lo mismo hicimos nosotros, pero en sentido contrario, arribando primero al Sanborns de las señoras Anita y Nora, donde nos engullimos una frugal cena de huevos revueltos con frijoles chinitos.
Don José Peña ya tenía instrucciones de alojarnos en el mejor hotel del lugar, para lo cual envió con nosotros mismos un correo no electrónico al velador del hotel(qué digo), del aserradero ”Los Cacharros”, distante 2 Km. de Playitas, por el camino sinuoso ya andado unas horas antes.

Interrumpiendo aquella oscuridad pocas veces vista, nos recibió Vicente con su lámpara sorda, y después de leer el correo, procedió a abrir la puerta de la mejor suite: se trataba de un cuarto de cuatro paredes de madera de más o menos 8 m2, donde había una cama rechinadora y un colchón individual tirado en el piso; también estaban tres cobijas que pesaban, no por la lana sino por la tierra que contenían; claro que también había insectos y arañas que se sintieron molestados con nuestra presencia. Por bondad de Agustín me tocó el colchón del suelo, además de salvarme de los perros de Vicente. Sin fijarme mucho en mi cama que parecía canoa, me dormí de inmediato y sólo vine a despertar a otro día porque Agustín se levantó a elaborar su informe del “cómo sí” de algo imposible.
Tres noches pernoctamos en este apacible lugar, donde sólo se escuchaba el cantar de los gallos de pelea de Vicente, el Zumbido del arroyo cercano y los ronquidos del de la CONAFOR.

Ese primer día nos distribuimos el trabajo: Agustín se fue a “La Magueyera”, guiado por don José Peña; El inge Juan esperó a los ingenieros Rico y Pancho allá por Apo el Viejo ( o el Nuevo?); a mí me tocó enfilar rumbo al predio “Fracción La Caña” y a uno de tantos “Apo el nuevo”, en compañía de Rubén Suárez Salinas. De no ser por los pasos difíciles, donde se atascó el vehículo, el trabajo hubiera sido más sencillo, pues la caminata a pie recorriendo los parajes con Podas y Preaclareos no fue más allá de las tres horas, desde luego apreciando el bellísimo paisaje y tomando todo el oxígeno puro que se pudiera, pues brotaba agua hasta de las piedras, además de los enjambres de moscos hambrientos, huellas de venados y felinos que nunca vi.

Al siguiente día ya nos sentíamos como de la familia, tanto en el gran hotel “Los Cacharros” como en el Sanborns de Anita y Nora. El inge Juan y Rubén Suárez madrugaron con rumbo a “Casas Viejas”, Municipio de Arteaga, después de lo cual se concentraron a Morelia y Uruapan, respectivamente. Agustín, Rico, Pancho y yo nos fuimos con Reveriano Cervantes R. a su predio de “Agua Puerca”, situado cerca del fin del mundo, pasando antes por “La Hierbabuena”, donde se agregó al convoy el güero cazador de venados.
Cruzamos los arroyos de “Juan Cruz” y “Del Fierro”, ambos ya con menos agua; luego por el rancho de “Los Parejos” y de “La Añilera”. A unos pasos del poblado “El Chino”, está el predio de “Agua Puerca”: La misma vista y sensaciones: árboles y yerbas por todas partes; hasta una de cannabis indica que dizque nació por pura casualidad allí en la punta del cerro que les sirvió de secadero y de guarida. Ni tardo ni perezoso la arranqué de un tajo y ahora luce borracha de alcohol junto con otra mata que me encontré “por pura casualidad” por el camino a uno de tantos Apos, y que tarde o temprano servirá para aliviar los dolores de rodillas y reumas. Como en sueños recuerdo las quejas de Reveriano: Que en su rancho de más abajo (La Remonta), ya en la tierra caliente, donde llega sólo en su cuatrimoto entrando por cerca del mar de Lázaro Cárdenas ( cuatro horas de camino), la vida es muy difícil, pues las más de 2000 has. y las cerca de 300 cabezas de ganado doméstico no le producen lo que él quisiera; que todo sale muy caro por las enormes distancias, lo barato del ganado, la falta de mano de obra, los apoyos “a gotas” y tan burocratizados del PRODEFOR, etc.,etc.

Cargados de datos y después de una demostración de Agustín de cómo deben quedar los productos apilados en los trabajos de Limpia de Predios Forestales, nos regresamos por el mismo camino, tomándonos previamente una postal para el recuerdo a orillas del barranco que amenaza llevarse lo poco que queda del camino troncal.
En el ranchito de “Los Parejos” tomamos un camino a la izquierda para ir a dar al predio de Juan M. Soto Sánchez (La Añilera?). Otra vez

Agustín poniéndole peros al proyecto apoyado de Caminos: que la cuneta estaba muy profunda (si no era la cuneta, era una cárcava), que las hilachas, etc. Nos detuvimos en un punto estratégico del lugar, para admirar por enésima ocasión el paisaje de cerca y de lejos; el inge Rico, con fotos aéreas en mano nos situaba en el lugar y nos señalaba en uno y otro lado del meandro que formaban, ya juntos, los arroyos del ”Fierro” y de “Juan Cruz”, en cuyas aguas se crían los chacales o acamayas o langostinos. Más arriba del río, apenas se divisaban (o nos imaginamos la existencia de) las casitas del rancho “Los Angelitos” o “El Volantín...”, donde dizque nacieron los Zavala.

Otra vez, con los datos de cajón para levantar el acta, fuimos a dar al Sanborns de Anita y Nora, donde ya se había terminado el caldo de pollo ranchero que tanto anhelaba. Después de comernos lo que bien sobró, corrimos a encontrarnos con don Alfonso Zavala Valencia, para luego continuar hacia el predio “Apo el Nuevo”, mismo que dizque es propiedad de Álvaro Peña, y el recurso salió a nombre de José Luis Martínez Reyes...vaya usted a saber. El caso es de que después de cruzar cerros, arroyos y potreros de pastizales, llegamos a un lugar con bastantes moscos hambrientos, con más pastos y ganado que pinos o encinos y un arroyo allá abajo...

Según el inge Rico, más adelante estaba el “Apo el Nuevo”, predio que fue a recorrer con la vista pero sin tomar nota alguna, el asorado Agustín, arriba de una cuatrimoto(¿ o cuatrillantas ¿), junto con el inge Pancho y el empistolado piloto. A mí me tocó hacer un recorrido a lo corto arriba de una cuatripatas llamada “mula”, mientras el inge Rico se daba vuelo tomando fotos.

La misma rutina: el sanborns de Anita y Nora, las suites de “Los Cacharros”...Sólo que, como el buen Vicente no le puso agua al tinaco, madrugamos ese día y nos fuimos a buscar un lugar dónde quitarnos el lodo y demás mugre, logrando localizar un baño en el aserradero donde se hospedaban los ingenieros de Multiservicios Forestales, S.A.(Los Paredones). De aquí nos fuimos a la ordeña de Alfonso Zavala: La verdad que nos dimos vuelo lazando vacas y tomando leche caliente con chocomilk, azúcar y alcohol hasta quedar mareados...¡Que dizque setenta vacas¡ bueno, yo sólo vi como unas treinta, con becerros añejos y que daban más bramidos, patadas y colazos que litros de leche. Luego un almuerzo de los buenos, con tortillas recién salidas del comal, chirmole del molcajete y queso a discreción del que allí elaboran.

Después de revisar “La Equipalera”, por el rumbo del camino a Tumbiscatío, y de escuchar las muchas mentiras del guía de apellido Guerrero, durante el buen rato que utilizamos para encontrar la llave de la puerta que nos permitiera entrar por “Agua de Tapia”, estuvimos en la casa de Pastor Rubio, luciéndose a más no poder con sus uchepos, tortillas, elotes y aporeadillo.
Ya un tanto desesperado, Agustín fue a nuestro encuentro para decirnos que todo estuvo muy bien en el predio de Sixtos Rivas y que además ya se había echado el otro Apo, propiedad de don señor papá de Nora...
Bueno, pues sin despedirnos de tanta gente buena, ya casi sin la luz del día, partimos de regreso a Morelia, pasando por Tumbiscatío, Arteaga y muchos pueblos y ciudades.

Pero,(siempre hay un pero), no obstante nuestra alegría por el regreso, en una de las casetas de la autopista, al buen Agustín se le ocurrió meterse al baño y allí fue alcanzado dizque por un alacrán...(tantos que había en Agua Puerca, en los Apos... y viene a picarle uno en el baño..., qué cosas tiene la vida).

Continuaremos platicando del gran placer que nos brinda el trabajo de verificaciones de campo, de proyectos apoyados por el PRODEFOR, pues si no nos pagan lo que creemos merecer, al menos sepan los jefes que disfrutamos mucho de las actividades de campo.

Morelia Mich., Noviembre 5 del 2003.
Martín Guzmán Guzmán.

¡QUÉ TROMBA NI QUÉ OJO DE HACHA!

La nota principal de varios periódicos de la ciudad de Morelia, del viernes 26 de Agosto de 2005, decía:
“DECLARAN AGUILILLA ZONA DE DESASTRE”;
más adentro: “LA LLUVIA TRAJO LA DESGRACIA”.
La verdad que no hallo por dónde empezar… Les diré que no estoy muy de acuerdo con que haya sido una tromba.
Los días 5 y 6 de Julio del presente año anduve por allá, realizando algunas verificaciones de campo, de conclusión de proyectos apoyados por el PRODEFOR (Programa para el Desarrollo Forestal), junto con el ingeniero Gustavo Quezada Villanueva, que iba por la CONAFOR, y el suscrito, por la Comisión Forestal del Estado de Michoacán. Desde luego que nos acompañó el ing. Amador, como Prestador de Servicios Técnicos Forestales.

También me pareció que fuimos cerca del fin del mundo, pues para llegar al predio “El Embudo”, del señor Gabriel Barragán Contreras, después de pasar por la desviación a Playitas, continuamos un buen rato en la camioneta, para luego dejarla en Los Tejamaniles y de allí a puro golpe de calcetín por más de una hora, primero por una bajada empinada, hasta llegar al sinuoso arroyuelo donde daba el olor a hierba, y de regreso por la cuesta arriba, que me hizo reflexionar por un instante el por qué estudié para forestal.

Desde el principio del camino, después de salir de Aguililla, me impresionó mucho el ancho arroyo que tuvimos que recorrer por largo trecho hasta ascender por la ladera: lodazales por todas partes, sembradíos de jitomate como en aquellos tiempos de 1957 en Autlán Jalisco, sólo que aquí ya bien modernizados, empleando el acolchado. Más arriba, los enormes desmontes y quema posterior de la palizada, apreciándose que la lumbre se fue por donde quiso; algunos potreros ya con pasto sembrado en años anteriores y, en general, el bosque de encinares y escasos pinos, muy deteriorado.

Lo que quiero decirles es que no hubo tal tromba, según mi opinión; lo que está pasando es ni más ni menos ¡LA VENGANZA DE LA NATURALEZA!

Sí, leyeron bien: La naturaleza ha sido afectada con los desmontes para sembrar pastos o maíz en las laderas de los cerros, y cuya cuenca es el mismísimo río que pasa cerca de Agulilla.

Un cerro desprovisto de su vegetación original, que son los árboles, arbustos y hierbas y de toda la materia orgánica formada y acumulada por muchos años, necesariamente que no puede, primero, pulverizar las gotas de agua, cuya fuerza por sí sola desplaza la tierra de su posición insitu, sino que mucho menos podrá detener la avalancha de tierra, piedras y palos que la menor corriente arrastra hasta encontrar fondo, y continuar por el cauce “uniformemente acelerada”, hasta topar con pared…o con la población, sus casas, sus pertenencias…

¡Qué más les puedo decir! Creo que es bastante. Por eso, señores gobernantes: No escatimen recursos para atender los bosques y selvas del Estado.
No alentemos el cambio de uso, de bosques y selvas, a potreros empastados para la ganadería. Bueno, a menos que no les asuste lo que se dijo como resumen de la nota que comento:

“7 MUERTOS; 4 DESAPARECIDOS; 400 VIVIENDAS DAÑADAS; 70 CASAS DESTRUIDAS; 38 VEHÍCULOS ARRASTRADOS; NO HAY AGUA; NO HAY LUZ…”

Morelia, Mich., a 28 de Agosto de 2005.
Martín Guzmán G.

 

 

 



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