JUICIO EN EL TIEMPO


AUTOR: CÉSAR LUNA SOLAR.

Confesión de un Alma

I

Se acorta el tiempo y por ello siento
que aunque largo el espacio recorrido,
cosecha pobre me mermó el sustento,
seco capullo que quedó esparcido
y al soplo helado de furioso viento
en polvoso breñal quedóse hundido.
Por eso el fruto que esperé paciente
hoy no puedo lograr que me alimente.

II

En el albor de mi existencia tuve
oído atento y la mirada presta,
para entender los signos de la nube
e interpretar la voz de la floresta.
Hallé un espacio en el airón que sube
hacia la cumbre como roca enhiesta.
Mi alma libre se nutrió de espacio
y a los rayos del sol, mis ansias sacio.

III

Fue simple y patética mi historia.
Niñez insensible contemplando al mundo.
Un acerbo de ciencia en mi memoria,
y un anhelo de hurgar en los profundo.
De esa eterna pregunta admonitoria
jamás medio respuesta el moribundo.
Por eso no sabré de aquel que sabe
que hay mas allá del mundo, cuando acabe.

IV

Y en esa infancia placentera y breve,
cuando todo saber se vuelve canto,
escuché aquella voz, susurro leve
de un hombre que fue poeta y santo.
Serafín del amor, ángel de nieve
que hermanó la sonrisa con el llanto.
Pastor de sueños, paternal Francisco,
un credo humano que nos lleva a Cristo.

V

En mis llantos y tiernos balbuceos
me acompañaron mágicos arrullos.
Un misterioso y musical Orfeo
le dio ritmo y vaivén a mis capullos.
Y hubo tardes que en mis recuerdos veo
llenas de melancólicos murmullos.
Y esa mezcla de voces y sonidos
le dieron agudeza a mis sentidos.

VI

De amor no tuve el tormentoso fuego.
Fue mi vida al final, renuncia pura.
Y amé en sus sombras de pavura al ciego
al pobre, al desvalido, a la criatura
que al paso por mi ruta lanzó el ruego
pidiendo compasión: santa locura.
Y aquella ausencia de pasión ardiente,
una fuente de amor abrió en mi mente.

VII

Fui llamado al deber no como un mito;
tampoco obligación con que se paga.
Aquel que me dio amor, di un infinito
homenaje en mi alma en miel que embriaga.
Y a los seres que amé les dejé escrito
un poema de luz que no se apaga.
Si a mi madre entregué mi alma devota,
aún me queda el amor que no se agota.

VIII

Tuve días de dolor y de tristeza
que dejaron mi alma casi en ruinas.
Construí, sin embargo, a la belleza
un santuario en mis íntimas colinas.
Amé del Universo su grandeza,
respetando a la ciencia en sus doctrinas.
Hoy levanto en jirones mi estandarte,
siempre fiel a los cánones del arte.

IX

Y en el amanecer, rosada aurora
quebrándose en el prisma de mis ojos,
y en la tarde que cúspides colora
con la sangrante emanación de rojos,
nutrieron mi nostalgia soñadora
con la fuerza estelar de sus despojos.
Y al pincel escogí en un loco intento,
para robarle su color al viento.

X

Sentí fascinación por el sonido
del verbo en su clamor: palabra hablada,
que si el ritmo es caricia en el oído,
la rima es una ardiente llamarada.
El metro es breve talle recogido
de diosa por el bardo cincelada.
Y así canté romanzas a la luna
sin buscar gratitud, fama o fortuna.

XI

En mis versos hay siempre rima y ritmo.
Los concibo vestidos de ese adorno.
Si la moda los juzga anacronismo,
no me causa el hacerlos un bochorno.
Soy congruente al impulso de mí mismo,
aunque lucho adaptarme al nuevo entorno.
Siempre busco, ¡ Oh mágica poesía!
no causarte una trágica agonía.

XII

¡ Tú flotas en redor!, es tu presencia
la estrella luminosa en noche oscura.
El día lleva del verso la cadencia.
La noche se nutre de ternura.
Por eso al despertar, fresca elocuencia
me envuelve con tu gracia y tu dulzura.
Botón del sueño, perfumada rosa
que en cada corazón quieta reposa.

XIII

Quisiera cantarle al mundo entero,
como un juglar que atrae a multitudes.
Pulsar mi lira y cobijar mi alero,
exaltando del verso sus virtudes.
Poeta dulce, pertinaz viajero
remontando las níveas altitudes
para llenar mi alma a cada instante,
con un canto remoto y sollozante.

XIV

He perdido en el tiempo mis afanes.
Desnudo voy sin necias ambiciones
cabaña que azotaron huracanes
hoy sirve de remanso a mis canciones.
He sufrido la ofensa de rufianes,
y a cambio les he dado mis perdones.
¿ Acaso esperas más, cansada vida?
Tan sólo el clarín de la partida.

XV

La existencia, en verdad, es bella y corta.
Se escapa como el agua entre las manos.
Más pensándolo bien: ¡ Eso no importa!
Lo único que vale es ¡ Qué logramos!
Cuantas penas el ánima soporta,
pero nunca en la vida claudicamos.
Eso ya lo aprendí: ¡ Sabio es el viejo,
que siendo joven, escuchó un consejo!

XVI

Hay que hacer siempre un alto en el camino.
Esperar el fulgor de otro mañana.
Jamás apresurar nuestro destino
y esperar cuando doble la campana.
Vivir la vida como bebe el vino,
el sabio bebedor que no se afana,
si la uva sedienta del renuevo,
traerá en nueva vendimia, su relevo.

XVII

El mañana traerá cantos y aromas,
y el perfume de nuevas primaveras.
De pájaros oiré dulces idiomas,
del viento sus señales agoreras;
y el vuelo de blanquísimas palomas
traerán las esperanzas lisonjeras.
Daré gracias al cielo en la alborada,
y un refugio de paz, será mi almohada.

XVIII

De mi espacio interior vacié las hieles.
Henchida el alma, recibir no pudo,
mas profundo dulzor de humanas mieles,
ni más perversidad del hombre rudo.
Tampoco mi cabeza ornó laureles,
ni pude a mi dolor dejarle mudo.
Y así fui soñador de fantasías,
que cantó sus tristezas y alegrías.

XIX

La fecha llegará: fin de mis sueños.
Mi cuerpo como un árbol ya sin flores,
recibirá el golpe final y rotos leños
esparcirán su llanto y sus dolores.
Caerán pronto las sombras del desdeño
y a sepultarme olvidos opresores.
El alma volará cual mariposa
que enciende su rubor en cada rosa.

XX

Así será el final que nunca espero,
saber detalle por detalle.
Yo sé que llegará, más nunca quiero
que en el trance fatal, absorto me halle,
hundido en la ambición por el dinero,
o atado a una pasión que me avasalle.
¡ Dejar el alma en levedad de anhelos,
para poder volar libre a los cielos!

XXI

Calla mi voz con la emoción postrera
de ésta revelación que el alma pide.
Muy cerca ya de la fatal rivera,
soy el viajero que al llegar despide
la vida terrenal y solo espera
una frase cordial y luego: ¡ Olvide!
Juicio en el tiempo y heredad futura:
soy la callada voz de una criatura.

DEL LIBRO: JUICIO EN EL TIEMPO.

Ediciones Letras de Pasto Verde, Orizaba, Ver.1999.

D.R. César Luna Solar. México.


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