GRUTA DE ESPEJOS


POR MARÍA ELENA SOLÓRZANO

1

Tu pie surca efervescencias.
Arrastra la arena con unción
(detiene el centauro su galope).
Se posa en mi clavícula.
Me sojuzga lentamente.
El deseo se derrama.

Linfa con palpitación de orquídea.
Mi ofrenda es un requerimiento
para que mis ansias encamines.

Beber, beber en el venero.

2

Tus manos pliegan poros,
desollan mis caderas,
enjugan los derrames de mi sexo.

Es tu sudor el bálsamo que aguardo,
Tus palmas recortan mi silueta,
me electrizan en todos los instantes.

Soy la frase de obsidiana,
Soy la urgencia de tus dedos;
Mi olor por siempre te perturba.

Sobre mi frente trazas los signos de la vida,
incrédula te pido bendiciones.

Me gusta morder tus manos por la tarde.
(Detrás de la cortina el naranja se desgaja)
Tu deseo, cilicio que rodea mi cintura,
arranca lamentos por la noche,
envuelve en secreto cada uno de mis senos.

3

Tus manos desecan la nostalgia,
en la transparencia del agua se revuelven.
Saben de mis hambres, de mi urgencia.
Saben de los lugares sacros de mi pubis.

4

Tus brazos sostienen mi locura,
intentan como siempre sosegarme,
Inscritos en la hoja del marrubio,
instalados en el aire de la alcoba,
alimentan mi deseo.

Se develan los rumores,
bajo la piel los siento
como peces sorprendidos.

Tus brazos me saben a canela,
a siempreviva huelen.
Me impacta su dureza,
aunque a veces son tan suaves
como nota de fa en violoncello.

5

En tu torso dejo mi extravío,
Los enigmas de la esfinge.
He trazado signos y vivencias.
Lo dulce de mi lengua te enardece.
Mi pecho yace en tu costado:
Ya tengo florecidos los pezones.

Mi dedo índice dibuja
El nacimiento de un lunar junto a tu ombligo.
Desciendo,
un caracol se ahoga en la marisma.

6

El pensil reposa.
La yemas de mis dedos lo recorren,
Ha rebasado el pentagrama
En un do sostenido ya se eleva.

7

Me encantan tus axilas.
Acurruco mi cara en tu oquedad,
aspiro su lavanda,
Tu vello enmarañado
me trasmite tibieza de solsticio.

8

Tu ombligo es un enigma,
la mitad de tu bella geografía,
el punto nodal de tu epidermis.

Buscando una moneda lo recorro,
encuentro la llave clandestina
que al centro de tu vientre me conduce,
allí transfigura la semilla,
allí los advenimientos nacen
y se ocultan los azogues.

En este instante de abiertos tulipanes
tu ombligo es alborozo de la tierra
y no me importan nubarrones
ni murallas en los cerros
ni los hirientes guijarros de la calle
ni el trueno que presagia la tormenta.

9

Tus labios buscan en mi vientre
las palabras que no se han pronunciado,
las panojas maduras que subyugan.

Por tus labios herida para siempre,
en el fondo de mi piel y de mi espacio,
con mis zumos anhelas bautizarte
y juntos recorremos la distancia
que de nosotros mismos nos separa.
No hablamos. Ni vértigos
ni sombras ni palabras:
tan sólo hay tocamientos.

Extraviada en el zarzal de mis apremios,
tu boca deambula por mi cuerpo.
Tu boca es vertedero de amatistas
donde ciegos parlotean los gorriones.
Se esconden mis quimeras,
murmuran los fantasmas
sobre el desahucio de la vida

10

Tu voz suena como en pozo limpio,
ocupa en mi vigilia el último reducto
y el primer escalón del sueño.

Tú me llamas
y sólo soy inocente halo de luna,
amargo polvo de alumbre.

En la serena espera
descubro el fino pulimento del aire,
el estigma cubierto de violetas,
el oscuro párpado de mi alma.

Me llamas para unir palabras rotas,
vaticinios y cánticos nocturnos.
Otra vez naceré en la llama,
otra vez seré lúbrica cigarra.

11

Tus ojos como hogueras me protegen.
De cobre los secretos entrelazan.
Tu mirada converge con la mía,
gozo los destellos con la pupila abierta.

En las brasas te contemplo.

Tus ojos son abismos,
ataduras, fragmentos de mi vida.
Erosionan mi propósito
de no deslizar palabras a tu oído
y entregar a tus olas mis corales.

Pero el azar ha puesto
Otra vez, tus ojos ante mí.

Trasminan inquietudes,
a rechazarte desafían,
fecundan mis senos con su luz.

12

En tu espalda: líquidos atavíos,
agua decantada en tu piel.
escurre intemperancia, serpenteo,
exequias de aburrimiento,
sortilegio de caprichos.

Me embriago con el zumo de tu espalda;
su curva a la trasgresión invita.

Como loba al acecho
Mi nombre gruño en tus muslos de marino.
Me embriago con el agua de tu espalda,
pulso el tacto desbocado.

La resistencia se derrite.
Ninguna contensión.
Para reptar sobre tus hombros
en larva me convierto.

Conozco de tu sal y de tu infierno.
Te cubro con mis polvos y carmines.

Alborozada tormenta de centellas
Atraviesa por mi trópico.

13

Si me convirtiera en luna
toda la noche rastrearía tu silueta.
Me posaría en tu frente.
llenaría tus manos de luz.
Cegaría tus ojos al asombro.
Tus labios fueran llama.
Un rutilar de estrella.

Panes de amaranto mis pezones.
La espiga de mi vientre
tendría por fin tu palpitar
oculto entre mis piernas.

14

Por la calle se esparcen los geranios.
El verde retrocede.

Una mariposa azul galantea
en el bifurque de los caminos.

Esconde su canto la cigarra.
A las seis de la tarde
en las hojas se envuelve
y sueña en la copulación
de la libélula.

Cuando la primavera
vislumbra del durazno la semilla
y la jacaranda se astilla en el morado,
tejo contigo redes de lascivia y ocurrencias.

15

¿Cuándo vendrá a mi gruta de espejos
el centauro?
¿Cuándo yacerá sobre mi musgo
y cuándo vendrá a ofrecerme
la savia de sus brevas,
la sal que vivifica?

Daga de luz
Separa los breñales,
Ofréndame tu esencia luminosa.

Al ritmo de mi pulso
Danza el germen transparente;
En medio de mi vientre duerme
Con los párpados sedientos.

El centauro penetra como un ángel
En la gruta y las hogueras.
Surca efervescencias
Y arrastra con unción la arena.

Septiembre 2003


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