RECONSTRUYENDO LA ESCENA DEL CRIMEN

PASAN LAS HORAS SIN RESOLVERLO.



Había dos cuerpos, sangrando aún. Se trataban de dos jóvenes mujeres quienes habían muerto a cuchilladas.
Carmen y Ana, las sirvientas de la casa, escucharon que alguien tocaba la puerta externa de la casa de los Núñez, el matrimonio para el cual trabajaban desde hacía ya seis años. No era infrecuente que fueran a visitar a los muchachos sus amigos, por lo que se asomaron: Era Omar, el vecino, y acompañante, un tipo que recientemente había entrado a laborar en el taller mecánico del Señor Núñez. Les dijeron que traían unas refacciones pesadas que solo podían acomodar en el patio. Ana, la menor, había visto ya antes a Omar. Era un chico atractivo como de 23 años: Le sonrió y fue por las llaves.


El inspector de la policía encontró otro cadáver: Era el tercero del día. Correspondía a una pequeña de diez años de edad. Sus negros cabellos le cubrían su pecho ensangrentado.


Alicia, la hija menor del matrimonio Núñez, estaba viendo la televisión en la salita del recibidor: Apenas le dio tiempo de ver a sus atacantes, quienes la sujetaron fuertemente por los brazos y la llevaron a rastras hasta el piso superior. Ahí, en la recámara, estaba la madre de la niña, quien terminaba de tomar una siesta. El cuerpo de la madre de la niña fue hallado sobre la cama: tenía evidencias de haber sido primero estrangulada, luego la acuchillaron. El arma mortal, había sido previamente recogida de las escaleras.


Verónica Núñez, una joven de dieciocho años, fue descubierta en su recámara. La computadora aún estaba encendida y daba vueltas un laberinto sin fin en el protector de pantalla. A ella la habían matado simplemente de la misma manera que a la madre y a la hermana. Parece ser que el asesino no se preocupó demasiado por utilizar una técnica diferente.


El Señor Núñez, y su hijo Rubén, estaban atados de manos y pies, habían sido baleados y acuchillados, no dejando opción a que quedaran con vida.


En el baño de la recámara, estaban dos cuerpos más. Los del padre y su hijo, ambos habían sido torturados antes de sus respectivas muertes: El perro de la casa estaba aún ladrando cuando llegaron los policías.

La séptima víctima se encontraba en el patio. Aún con vida, Miguel, el amigo de Rubén, estaba inconsciente y sangraba por varias heridas.


Era muy poco lo que podía atestiguar. Ellos habían llegado como a eso de las ocho de la noche y les extrañó que la puerta de la calle estuviera emparejada. Las sirvientas no respondieron a sus llamadas y no tardaron en descubrir que algo estaba mal…Algo muy malo acababa de suceder en casa de la distinguida familia Núñez  Bonifaz.

Bertha Sánchez De la Cadena
Enero de 2003.